Diario Jaén:Tres mujeres jiennenses en la colonización del Nuevo Mundo
03 de Enero de 2014

La historia suele recrearse en las gestas de varones, pero hay mujeres que tuvieron un papel protagonista y, aunque poco conocidas, también dejaron una huella indeleble. Este
es el caso de las hermanas ubetenses Francisca y Beatriz de la Cueva y de la mística alcalaína Marina de la Cruz.
es el caso de las hermanas ubetenses Francisca y Beatriz de la Cueva y de la mística alcalaína Marina de la Cruz.
Son 38 nombres de mujeres españolas, tres de ellas jiennenses. Un ramillete que representa a las miles de españolas que participaron en los dos primeros siglos de la colonización de América. Las biografías de estas mujeres han sido recopiladas por la escritora malagueña Eloísa Gómez-Lucena en el libro Españolas del Nuevo
Mundo, editado por Cátedra. Se trata, a juicio de la autora, de un reconocimiento al papel de las mujeres en la conquista. No todas fueron ilustres ni de vidas ejemplares, pero supieron afrontar su destino y tuvieron un papel importante en el nuevo continente, ya que combatieron contra los indígenas, ayudaron a levantar ciudades, plantaron las primeras semillas europeas y fundaron hospitales y escuelas. Las hubo virreinas y gobernadoras como la ubetense Beatriz de la Cueva, místicas como la alcalaína Marina de la Cruz, y también letradas, empresarias, costureras, criadas, prostitutas y maestras.
Guatemala. Las hermanas Francisca y Beatriz de la Cueva eran hijas de Luis de la Cueva y San Martín, segundo señor de Solera, décimo señor de Torreperogil, y comendador de Bedmar y Albanchez, y de María Manrique de Lara y Benavides, hija del señor de Jabalquinto. Ambas eran sobrinas del duque de Albuquerque. Francisca de la Cueva, la mayor nació en Úbeda en 1500. Fue la primera esposa de Pedro de Alvarado. La ubetense, de salud delicada, falleció al poco tiempo de casarse y de llegar al Nuevo
Mundo, en Veracruz (México), a los 28 años, plagada de bubas pestilentes. Sus restos mortales fueron trasladados a Úbeda y enterrados en el panteón familiar. Pedro de Alvarado contrajo entonces, en 1538, matrimonio con Beatriz, su cuñada, nacida también en Úbeda en 1505. Un año después de casarse el matrimonio partió hacia el Nuevo Mundo. La llegada de Beatriz como esposa del gobernador de Guatemala fue un acontecimiento lleno de fastuosidad que causó la admiración de aquellas gentes. Su presencia constituyó un cambio radical en las formas de vida de Guatemala. Tras el fallecimiento de Alvarado, el cabildo de Guatemala se reunió el 9 de septiembre de 1541 y, por votación mayoritaria, decidió el nombramiento de Beatriz de la Cueva como gobernadora, que se convertía en la primera mujer española gobernadora de Las Indias, cargo que le duró solo un día, porque el volcán Agua entró en erupción y una masa de lodo inundó la ciudad y el cuerpo de Beatriz fue encontrado sin vida.
La tercera jiennense es Marina de la Cruz, nacida en 1536 en Alcalá la Real como Marina Navas, en el seno de una familia muy humilde. Marchó con su marido a México y, a la muerte de este
, ingresó en un convento.
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Mundo, editado por Cátedra. Se trata, a juicio de la autora, de un reconocimiento al papel de las mujeres en la conquista. No todas fueron ilustres ni de vidas ejemplares, pero supieron afrontar su destino y tuvieron un papel importante en el nuevo continente, ya que combatieron contra los indígenas, ayudaron a levantar ciudades, plantaron las primeras semillas europeas y fundaron hospitales y escuelas. Las hubo virreinas y gobernadoras como la ubetense Beatriz de la Cueva, místicas como la alcalaína Marina de la Cruz, y también letradas, empresarias, costureras, criadas, prostitutas y maestras.
Guatemala. Las hermanas Francisca y Beatriz de la Cueva eran hijas de Luis de la Cueva y San Martín, segundo señor de Solera, décimo señor de Torreperogil, y comendador de Bedmar y Albanchez, y de María Manrique de Lara y Benavides, hija del señor de Jabalquinto. Ambas eran sobrinas del duque de Albuquerque. Francisca de la Cueva, la mayor nació en Úbeda en 1500. Fue la primera esposa de Pedro de Alvarado. La ubetense, de salud delicada, falleció al poco tiempo de casarse y de llegar al Nuevo
Mundo, en Veracruz (México), a los 28 años, plagada de bubas pestilentes. Sus restos mortales fueron trasladados a Úbeda y enterrados en el panteón familiar. Pedro de Alvarado contrajo entonces, en 1538, matrimonio con Beatriz, su cuñada, nacida también en Úbeda en 1505. Un año después de casarse el matrimonio partió hacia el Nuevo Mundo. La llegada de Beatriz como esposa del gobernador de Guatemala fue un acontecimiento lleno de fastuosidad que causó la admiración de aquellas gentes. Su presencia constituyó un cambio radical en las formas de vida de Guatemala. Tras el fallecimiento de Alvarado, el cabildo de Guatemala se reunió el 9 de septiembre de 1541 y, por votación mayoritaria, decidió el nombramiento de Beatriz de la Cueva como gobernadora, que se convertía en la primera mujer española gobernadora de Las Indias, cargo que le duró solo un día, porque el volcán Agua entró en erupción y una masa de lodo inundó la ciudad y el cuerpo de Beatriz fue encontrado sin vida.
La tercera jiennense es Marina de la Cruz, nacida en 1536 en Alcalá la Real como Marina Navas, en el seno de una familia muy humilde. Marchó con su marido a México y, a la muerte de este
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